Argentina

Somos Peregrinos del Planeta y cuando nos alineamos con nuestra energía el Universo nos reverencia y confabula con nosotros para ayudarnos a Ser
 
 

 

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Capricornio y Acuario en Enero y Febrero de 2006

La Montaña, La Ascensión, La Vida, El Grupo…


Muchos me preguntan qué significa el dibujo del inicio. Está hecho por mí, en un viaje, luego de una ascensión y meditación, con birome y en papel madera, que era lo único que tenía a mano en ese momento. Era una visión, que me venía en forma recurrente. Después me di cuenta, que en realidad, era un recuerdo, que estaba transitando en ese momento, en esta vida.

Los viajes a la montaña, en grupo, nos muestran lo que debería ser nuestro diario devenir.

Para que un grupo heterogéneo ascienda, es necesaria la unificación en un objetivo y la fuerza incondicional de todo el grupo. Sino no llegan.

Alguien que te da la mano, para subir una parte empinada, para pasar por las piedras, en el agua, sin que te patines, que te dice dónde y cómo poner los pies, para no resbalar, que se queda con vos si estás muy cansada(o) y no podes seguir, o que detiene al grupo, que te alcanza agua, que no trajiste porque no podes cargar peso, que te lleva la mochila, por momentos. Que te mira y te dice una palabra.

Después de un rato de salir, perdiste la idea de dónde estás y te despreocupas de llegar o no, porque te excede. Lo único que atinas a hacer es mirar dónde y cómo pones pies y manos y respirar rítmicamente. Estás atenta(o) a las piedras en el camino (tenés ganas de tomar algunas, pero no lo haces, pues de no poder cargarlas, perjudicarías al grupo). Te vas conectando a las flores, a las hormigas, a la tierra firme, que te sostiene. A los aromas, a la música de la naturaleza, al mensaje del silencio.

Por momentos hay una gran algarabía en el grupo.

Ni miras qué mano se te ofrece, tampoco a quién le tendés la mano. Ni decís gracias, ni lo esperás. Sabés que cada tanto, va a haber uno de esos seres ágiles, fuertes, que te van a ayudar a seguir tu camino, cuando la cosa se pone difícil.

Por ahí decís: “¡basta! No puedo más…” “dale, seguí, confiá”, te dice alguien con quien no tenés mucho contacto, porque lo conociste el día anterior; “yo te ayudo ¿cómo te vas a quedar acá? ¡vos podes!” y seguis… mágicamente, vas ascendiendo y pasando por lugares que ni te imaginaste, siempre mirando el piso, por supuesto.

En algún momento pensás “si hubiera sabido esto no venia” o “¡claro! Para ellos es fácil, porque son jóvenes, o porque ya vinieron, o porque están entrenados, o porque tienen piernas largas…” Cualquier cosa. El ego al acecho. Te patinas. “Qué papelón, parezco una tonta(o), ¿qué van a decir?”. La imagen. Sentimientos y emociones encontradas afloran. Todos nuestros personajes y los de los otros. Los mejores y los peores.

El grupo sigue subiendo… y vos con él. Ascendiendo.

A esta altura ya la transpiración, el calor y la sed, más la falta de costumbre y los dolores del cuerpo han hecho estragos. Van cuatro horas desde la partida. Pensás en la comodidad de tu casa. ¿Nadie quiere parar? Seguís sin decir nada, no se vayan a dar cuenta.

“Falta poco” te dicen. “¡Por fin! Me voy a tirar debajo de un arbolito y voy a tomar y comer algo”. A la hora te das cuenta que el poco era lo más empinado, tuviste que subir en cuatro patas y siempre con alguien de atrás empujándote desde la cola.

Cuando ves la última roca que mide como un metro, pensando que no vas a poder subir esa zancada, sentís que te vas a quedar, pero no podes ni quedarte, ni volver, solo seguir. Angustia. Alguien de arriba te dice “dame las manos”. Aterrada le decís “¿cómo vas a hacer? ¡no podes!!!!”. Según tus cálculos (de acuerdo a tus propias posibilidades) es imposible que te suban así. “¡Dame las manos!”, te dice “ese…” Se las das e internamente decís “¡que sea lo que Dios quiera!”

¡Y estás arriba!

Además, está todo el grupo. Llegaron todos y estás comiendo y tomando lo que los que podían llevaron. Demás está decir, que no hay árbol. ¡¿A quien le importa?!

¡Bendito sea este momento! ¡llegaste a la cumbre! ¡y llegaron todos!

¡Y sentís algo adentro! Que no lo podes explicar. Miras a los hombres (son generalmente ellos) que naturalmente se fueron organizando desde la cualidad de cada uno, para ayudar a que el grupo llegara. De pronto ellos también te están mirando con sonrisa cómplice en los ojos, como diciéndote “¿viste?”

Y esa montaña que está siempre ahí, imperturbable, poderosa, parece que su función fuera estar para que vos hagas esta experiencia y veas las cosas desde otro lugar. Y te irás vos y va a seguir igual, esperándote. Porque seguirás viniendo ¡eso si!

Y comenzás a darte cuenta de todas las manos que permitieron que vos estés ahí arriba. Los coordinadores, la persona que te avisó para que fueras, tu familia que te apoyó, los conductores de los micros, de los coches, los guías, la gente del hotel, tus compañeros aquí y los que quedaron reemplazándote en tu trabajo; hasta la empleada que te vendió la remera, cuando a último momento fuiste a comprarla. Todos esos seres siguen alegremente su vida, o no… y vos, ¡estás aquí!

Algo se desborda por tu pecho, por todo tu ser.

Entonces, vas más adentro, porque el grupo entero se pone en silencio, casi como si fuera una consigna. Al ir más adentro tuyo, se da la magia de la conexión con la montaña. Con sus planos de conciencia, con lo que ella emana. Hay una sabiduría concentrada en ella. Te la está transmitiendo. Desde ahí ves todo diferente: tu personalidad, tu vida, tus relaciones. Y te das cuenta que entre vos y ella, no hay diferencia. Es como si hubiera una alianza de años, de vivir estos estados juntas(os).

Entonces, se establece un diálogo con lo invisible. Con los seres de la luz, con las energías superiores, con otros seres que han llegado a otros planos y nos esperan para nutrirnos, para ayudarnos. Estos planos de conciencia, están abiertos a nosotros, pero no podemos acceder a ellos desde nuestra vida cotidiana, en nuestro mundo material, de preocupaciones, porque estamos inmersos en lo finito. También te conectas con tus seres queridos, desde un lugar que no podes allá, abajo. “Se te hace la luz”. “Te iluminas”.

En la cima de la montaña, nos conectamos con lo omnipresente, con lo imperturbable, con la esencia de lo verdadero. Y ahí hay un darse cuenta, profundo y emotivo. Ahí sentimos que ese agujero que portamos, que casi nunca llenamos con las cosas que pensamos que pueden distraerlo, se colma… Hay una toma de conciencia. Se fue el cansancio, las quejas. Hay mucha fuerza en nuestros cuerpos. La energía late en cada una de las células. Nos sentimos vivos en otro plano, con otra conciencia. Las lágrimas acuden a nuestros ojos. Son lágrimas sutiles, de complacencia, de comprensión, de agradecimiento. De sanación.

Como en una película, se presenta nuestra historia. Todo fue, buscando esto… y esto, es estar con vos. Hay unción. No necesitás nada. Sos silencio y en ese silencio, lo invisible se une adentro tuyo y te elevás. Pertenecés a la montaña, al paisaje, al arbusto, a la nube, al cielo, al grupo, a la inmensa energía que se generó con la subida. Cerrás los ojos y te vienen imágines, o palabras y entablás un diálogo con los seres de la luz que siempre están alrededor tuyo, pero que ahí los percibís y ya nunca más abandonarás.

Y sentís que te elevás y que te vas, aunque tu cuerpo esté sentado o recostado en la montaña.

… y se da la magia! Que no es tal, sino que sos vos, unida(o) tu ser con la energía invisible, de la mano de tus alianzas espirituales, que te están dando una instrucción, a partir de la cual, serás otra(o), sostenida(o) por esa montaña milenaria, que tiene el conocimiento de los tiempos… y los seres que la habitan, que sólo esperan servirte.

Enero y Febrero, de alguna manera, casi siempre nos conectan con esto. Lo que nosotros llamamos el fin de año, según nuestro calendario o división del tiempo en el planeta, continúa en el Universo, hasta que la energía finaliza en Piscis, para recomenzar en Aries. Hay otros calendarios, que tienen su explicación terrenal temporal y espiritual antiquísima. Creo que todos son válidos y muy importantes, depende qué sintamos debido a nuestra misión personal y planetaria y a nuestros caminos de otras vidas.

Al final todos los senderos se encontrarán en el único, que es el amor, que disuelve todas las fronteras uniéndonos en nuestra danza cósmica eterna…para la que estamos presentes en este momento planetario, creando el puente para Acuario, el Nuevo Mundo. Un mundo de unión con vos y con los otros, desde esta esencia encontrada. Un mundo de amor no conocido hasta ahora. Un mundo al que tenemos que llegar ascendiendo cada uno (Capricornio), para sentir la unión con todos (Acuario) en un abrazo cósmico sin precedentes.

Subir a la montaña, se practica día a día, en nuestras vidas. De hecho, nuestra propia vida es la Montaña.

Y como el Universo confabula con nosotros, uno de los tránsitos más importantes de estos dos meses, será la retrogradación de Venus, el planeta del amor, lo femenino, en las constelaciones de Acuario y Capricornio. Comenzará su movimiento aparente hacia atrás el 24 de diciembre de 2005 en Acuario, hasta el 3 de Febrero de 2006 en Capricornio y a partir de esa fecha, volverá a transitar adelantando por Capricornio y Acuario, a la inversa y seguirá dejando su estela de conexión con lo femenino y el amor por todo el zodíaco el próximo año. Además se moverá aunque por poco tiempo en el campo en que Neptuno, que disuelve fronteras, inspira e idealiza, está transformando desde hace bastante tiempo: Acuario. Mercurio ya directo, también ayudará a esta armonía cósmica, dando claridad mental, mientras transita por las constelaciones de Capricornio y Acuario. La acción se destraba con Marte directo en Tauro y el portal hacia la transformación que está abriendo Júpiter, cobra una dimensión pocas veces apreciada, apoyada por Plutón en Sagitario, desintegrando lo que no sirve y mostrándolo, para re-hacer la nueva humanidad, junto con Urano que nos lleva a cerrar un ciclo que sirvió pero que debe llevar a los seres humanos a reconocernos a imagen y semejanza de Dios, como cada uno lo vea o sienta.

Esta es una gran oportunidad para cuestionarnos y conectarnos con nuestra manera de amar. Creo sinceramente, que no conocemos el amor. No ese amor al que debemos acceder, que nos muestran permanentemente nuestros guías de la luz. Creo que conocemos eso que los seres humanos durante siglos hemos llamado amor. Amor que conlleva apego, obsesión, celos, posesión, manipulación, importancia personal, vanidad, exigencia, privación de la libertad de ser, sometimiento, discriminación, mentiras, máscaras.

Amar es aceptar al otro tal cual es, aceptándote. Comprender que más allá de sus exteriorizaciones es un ser de luz, como vos. Es escucharlo y saber que puede. Es honrar su verdadera identidad cósmica, que puede no estar expresada, como la tuya. Pero que se siente. Es reconocerlo, reconociéndote. Valorarlo, valorizándote. Caminar juntos, aprendiendo de las diferencias y las coincidencias. Mostrarte y expresarte en lo mejor y lo peor tuyo, teniendo el mismo compromiso de aceptación con el otro. Ser libre, liberándolo. Tener fortaleza en sus momentos de duda, enojos y caídas, continuando tu camino luminoso, con la conciencia que cada uno experimenta las cosas a su manera. Aceptar, entregar y agradecer el encuentro, que a veces se transforma en desencuentro. Reverenciar lo compartido, sintiéndote en paz.

Amar es aceptar la libertad y para vivir en amor y en libertad, hay que romper varios mundos internos y externos. En realidad, deberás volver a nacer, para vivir con la inocencia, la confianza y la expectativa ante lo nuevo, de un niño.

El Maestro, que nos trajo el adelanto de Acuario, dijo “Ama al otro, como a ti mismo”. No dijo que lo amaras más.

¿Qué amor sentís por vos?

Hasta el próximo encuentro, Almas… y ¡bendiciones para todos, desde lo mejor del amor hasta este momento mío!




 

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María Ester Abal Vella - Astróloga y Terapeuta Floral
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