Argentina

Somos Peregrinos del Planeta y cuando nos alineamos con nuestra energía el Universo nos reverencia y confabula con nosotros para ayudarnos a Ser
 
 

 

Energía Masculina y Femenina
Lo Femenino y lo Masculino

Estas energías son dos partes únicas, incomparables, irrepetibles e imprescindibles de una totalidad que es divina. Pensar o desear que funcionen separadas, o que una resalte más que la otra, es como decir que exista el día solamente… o la noche. Que es mejor uno que la otra.

Entre las dos, forman el UNO.

La energía masculina es vertical, activa, manifestadora, se enfoca exteriormente y siempre hacia un fin. Genera una intensa fuerza creadora que debe ser manifestada. Crea la individualidad. Por lo tanto nos conecta con ella. Nos separa del Uno. Habla del Yo. Lo defiende, lo protege y hace todo para que se autoafirme, en un proceso de autogeneración interminable.

La energía femenina es horizontal, pasiva, es la de la fuente primordial, es el ser puro, que aún no se ha manifestado, es el aspecto interno de las cosas, abarca todo, no se puede medir, acotar o separar y menos individualizar. Es como el océano. Nos conecta con el Uno.

Un símbolo que las representa, sacándole toda la carga de sufrimiento que los hombres le han asignado, asociándola a un momento histórico terrible en el planeta, es la cruz. La cruz, es un símbolo de la tradición, antiquísimo, que expresa lo masculino y lo femenino. Existió en todas las civilizaciones y tiene diversas formas. Lo vertical es masculino, lo horizontal femenino.

Cuando digo Yo Soy, también estoy invocando la energía masculina y femenina en mí, y recordando mi aspecto divino, a Dios adentro mío.

Yo. Yo, no tú. Yo, no los demás. Me diferencio, me afirmo en este cuerpo, lugar, espacio, espíritu. Soy. Me expando. Reconozco la fuente adentro mío. Y cuando digo la fuente, me sumerjo en la totalidad. Ahí me reconozco un ser ilimitado.

El yin y el yang. En este símbolo están muy claramente expresadas ambas energías y como una contiene a la otra en el punto, dentro de sí misma, en un abrazo rotundo y eterno.

Son distintas y forman parte protagonista de la creación. Tienen sus dones únicos, cada una. Son necesarias ambas. Juntas danzan, y en su danza crean y celebran lo divino, su esencia y lo terrenal, la existencia. Separadas pelean y desde ahí destruyen. Se destruyen.

Viven en cada uno de nosotros. Podemos tener aspecto de mujer u hombre, pero somos las dos energías. Soy mujer, pero tengo lo masculino adentro mío. Soy hombre, pero tengo energía femenina en mí.

Si estoy peleada, si discrepo, si compito con los hombres, lo estoy haciendo primero, con mi aspecto masculino. Si critico, desconfío, aborrezco a las mujeres, lo estoy haciendo primero, con mi aspecto femenino. Y por supuesto, lo mismo en positivo. Y desde ahí, me conecto o no. En realidad lo deberíamos ver así: si tengo mal aprehendido mi aspecto masculino, me relaciono mal con los hombres y lo mismo con lo femenino. Recordemos que todo parte de mi.

Hay una constelación o signo del zodíaco masculino y uno femenino. Lo mismo sucede con los planetas. Lo más tangible son el Sol y la Luna y sus reinos: el día y la noche.

Alguno datos:

Tierra y Agua. Energía Femenina: Tauro, Virgo, Capricornio, Cáncer, Escorpio, Piscis.
Aire y Fuego. Energía Masculina: Géminis, Libra, Acuario, Aries, Leo, Sagitario.

Hay hombres con exceso de energía femenina. Son creativos, sutiles, sensibles. Se les decía “mujercitas”. Hay mujeres con exceso de energía masculina, aguerridas, luchadoras, fuertes, con increíble energía de iniciativa y acción. Se les decía “machonas”. Eso era antes y dio lugar a muchos errores, confusiones y angustia. Ahora hay todo un vocabulario para estos temas.

Lo cierto es que nadie es totalmente masculino o femenino. La mayor o menor influencia de una energía u otra que tenemos cada uno, es uno de los aprendizajes que nos transmite la Carta Natal. Un aprendizaje muy importante. Y me atrevería a decir que es el primero. Y debemos buscarlo, reconocerlo y actuarlo.

Y si miramos a la humanidad, enferma y ciega, y a la historia, tan importante para ver de dónde venimos, para desde ese lugar hacer los cambios que debemos hacer en este nuestro presente, para proyectarnos al futuro que queramos, observamos este conflicto. ¿Desde cuando? Yo diría casi desde el comienzo del tiempo, aquí, en la Tierra.

Hubo momentos en que las mujeres tuvieron poder y cometieron grandes equivocaciones y desde hace muchos siglos, los hombres tomaron el poder de forma emblemática, haciendo estragos también. Por supuesto, siempre separándose. Generaron algo que es ajeno al ser humano: la intriga (tejer adentro) y para ello se valieron de otra cualidad, también ajena al ser puro que somos: la vanidad. A partir de ahí el ego y la mente, que en realidad están al servicio del alma, y son de suma importancia, pasaron a liderar agrandándose día a día, hasta que se perdió el recuerdo de nuestra grandeza real, nuestra parte eterna. Y el ser humano comenzó con la ilusión, la no luz. Comenzó a vagar, perdido de sí, rota su brújula, buscando orientación afuera. Por lo tanto, necesitó creer en otros. Y comenzaron a asistir al ego y a la mente, sus inseparables guardianes: el miedo, la culpa, la incertidumbre, la envidia, la competencia, el dejado de lado, lo que se espera de mi y el ejército de broncas, resentimientos, odios. A tal punto que ahora debemos hacer todo un trabajo para recordar-nos en lo que somos realmente.

Hace aproximadamente un siglo y medio, la mujer comenzó a re-ubicarse, pero tomando como punto de referencia al hombre, polarizado totalmente en su energía masculina. Por lo que la mujer, también se polarizó en su energía femenina. Y comenzó a buscar su lugar, como pudo, en una lucha feroz consigo misma (con su memoria celular) y con
la sociedad, lo establecido. Cuando quería hacer algo diferente se le decía: ¡NO! “¿Porqué no?”, preguntaba. “Porque no, porque está establecido”, era la respuesta. ¿---? Aún hoy, a la mujer le cuesta. Aún así, cada vez se la ve más.

La desintegración de los valores tuvo un proceso largo y de mucho sufrimiento. Todavía quedan muchas secuelas. En este proceso, los seres ahora llamados adultos (a partir de los 40 años en adelante) somos los que hemos vivido esta metamorfosis (pongamos como ejemplo simple desde la máquina de escribir mecánica hasta lo electrónico). Y somos los hombres y mujeres que rápidamente tenemos que seguir cambiando para hacer este puente a lo nuevo, para los nuevos niños, que serán los que gobiernen el nuevo mundo. Hemos surgido de la confusión y fuimos transformándonos de acuerdo a las necesidades personales y del entorno, eligiendo siempre el cambio. Se perdieron y ganaron cosas. Es lo habitual. Pero nada es irrecuperable. El poder está adentro nuestro. Es nuestra oportunidad también, el saber cual es el rol superior destinado a cada sexo.

En este momento, la mujer que pudo incorporarse a la ola de cambio, se encuentra un poco más armonizada a partir de la alta vibración que está emanando el Universo todo, porque como resultado de su larga búsqueda se está encontrando con su verdadera energía maravillosa y el hombre está pasando por situaciones de incertidumbre y de desconocimiento de sí, pues lo viejo no le sirve y es lo único que recuerda… y que le recrea la historia más reciente del planeta, hasta el día de hoy (guerras, poder, dinero, religiones, intereses creados).

¿A qué jugamos los seres humanos cuando competimos mujeres y hombres? ¿se nos ocurriría decirle a nuestra pierna izquierda que la emprenda a patadas con la derecha?

Siento que es tiempo, y esto compete a la energía femenina, de comenzar a funcionar juntos. Desde la separación, que es lo que la negatividad produce, sólo vamos a generar más de lo mismo. Y lo que es peor, corremos el riesgo de repetir la espiral. Funcionar juntos. Esa es la idea de la creación. Del UNO. Del Yo Soy. Danzar unidos, no pegados. Pero danzar, no pelear. Complementarse, no competir. Sino, lo que hacemos, es pelear por el territorio.

Y por otro lado: ¿Qué pensamos cuando observamos el resultado de la unión de un óvulo y un espermatozoide? ¡Ahí está lo grande! Y ni siquiera lo vemos… Preguntas simples… Lo simple nos lleva a lo complejo. Lo pequeño a lo grande.

Cuando hablo de la Carta Natal y describo la Casa VI, se agranda en mí su significado y la redimensiono ante los que me escuchan. Tiene que ver con “las pequeñas cosas de todos los días”. Una frase hecha. La repetimos. Pero no tomamos conciencia de su importancia. De las 12 Casas del Zodíaco, hay una sola para este tema. Así como me trato, así soy. Así como soy en mi intimidad, cuando nadie me ve, así trato todo. Así como me escucho, puedo abrirme a escuchar al otro.

Tengo el poder de cambiar desde lo simple. Puedo. Y desde allí accederé a lo grande, que está en mí, no afuera. No es diciendo, es haciendo y por lo tanto emanando: ¡masculino y femenino juntos!



 

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María Ester Abal Vella - Astróloga y Terapeuta Floral
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