Argentina

Somos Peregrinos del Planeta y cuando nos alineamos con nuestra energía el Universo nos reverencia y confabula con nosotros para ayudarnos a Ser

 

 

 

Libra en Octubre de 2006

La Pareja

La séptima casa del zodíaco, que corresponde al elemento aire, que es energía masculina, regida por Venus, simbolizada por la balanza y cuya energía se refleja en los riñones en el cuerpo físico, corresponde además de la pareja, a las sociedades, los juicios; y su desafío primero y último es la búsqueda del equilibrio. Es una energía que empatiza con el otro. Que lo interpreta y le devuelve lo que necesita. La complementariedad es una de sus funciones importantes. Este es su filo más maravilloso y también más peligroso.

Pero de todos estos temas, este año, decidí hablar de la pareja y seguro que al desarrollarlo, hablaré de todo. No es un tema fácil y fue, es y será uno de los mayores desafíos del ser humano.

Me refiero, por supuesto a la pareja sagrada, esa que no conocemos, pues pasamos del sometimiento de la mujer a su independencia total. Típico del signo. Y necesario. ¡Claro! ¡Si es la búsqueda del equilibrio! No hay equilibrio sin polarización.

¿Por qué elegí este tema? Porque es la gran pre-ocupación de hombres y mujeres. Mi consulta está colmada de seres que no encuentran pareja o que la tienen y no están satisfechos, o que necesitan hacer un cambio y sienten que éste vendrá de afuera. Y hay de todas las edades y de ambos sexos. Todos buscan pero pocos se encuentran. Pues tampoco entiende el ser humano que la pareja es una conquista. Que es un lugar que tenemos que abrir adentro nuestro para que se corporice en la realidad cotidiana… Porque nos tenemos que vaciar de pre-juicios, miedos, expectativas negativas y sobre todo de memoria celular que nos inhibe para encontrarnos francamente con el otro. Y cuando digo esto es: aceptarlo sin querer cambiarlo.

La consecución de la pareja responde al libre juego de las escalas de valores de ambas partes. Conlleva libertad, confianza y compromiso, conceptos todos muy profundos y no aprendidos por nosotros.

A los hombres les resulta difícil dejar de lado aquellos valores con los cuales fueron educados de ser iniciadores en lo sexual, sostenes de la familia y pasibles de tener otras relaciones, fuera de la pareja. Y a las mujeres también les resulta difícil dejar de lado esto y siguen usando un arma de doble filo que ha hecho que la intriga se asiente entre ellos, la seducción tapada, el manejo camuflado. Todo por el miedo (que viene de generaciones) a ser engañadas y/o reemplazadas.

La respuesta típica cuando hablo de esto es, luego de un suspiro y sendo revoleo de ojos: “ese tema lo trabajé por años en las diferentes terapias… ¡Ya está!” Claro… ¿y con la memoria celular, qué has hecho? ¿y con las voces de tus ancestros que alimentan tu cerebro con miedos, e inhibiciones y todo tipo de trabas y tabúes? ¿Y las vidas anteriores que reviven ante el encuentro con otro?

¡Cuánto nos falta a los seres humanos aprender, más allá de lo que creen ver nuestros ojos! ¡Cuánto engaño y equivocación hay adentro nuestro aún! Y la peor batalla es reconocer que queremos ver en el otro, lo que deseamos, no lo que es… Por lo tanto, lo estamos desvalorizando, no lo aceptamos. Pero lo más difícil aún, es que nosotros no aceptamos que no aceptamos. ¿Qué es una redundancia? Oh no! Este es el ojo del huracán. Aceptar, confiar, entregar, creer, para lo cual en primer lugar necesitamos autoestima y amor propio. Digo: amor a nosotros. Creernos merecedores. Y por lo tanto, creer en el otro.

¿Qué cómo se logra? Mirándolo a los ojos. Cuando dos personas se miran a los ojos por un tiempo, comienza a generarse una energía que los va envolviendo y uniendo. Comienzan a interpenetrarse. Es un ejercicio que no estamos acostumbrados a hacer. Evadimos la mirada, para que “el otro no sepa” Y es ahí, en la mirada donde las almas se unen, se entregan y confían. Ahí se da el diálogo eterno. Ahí se asienta la pureza. Y mientras la pureza no ocupe su lugar, no encontraremos esa pareja que anhelamos.

Cuando la pareja nace del sexo, cuando se mezclan los fluídos, a través del encuentro sexual, se está incorporando memoria celular del otro, de sus ancestros, de su tribu, ahí comenzamos a dejar de ser nosotros, puros, con nuestro propio discernimiento. El sexo pasa a ser quien comanda la elección. La seducción y todo lo que hacemos para atraer al otro, no son tan reales como creemos. Cuando esto pasa… ¡y pasa! ¿Qué queda? Quedan los miedos, el desconcierto, la incertidumbre, los celos, el sentimiento de abandono, el vacío. Porque es una unión física.

Pues el punto de apoyo de la pareja, no es el sexo. Es compartir, vivir, divertirse, sostenerse y además, jugar… jugar con la vida y con el cuerpo hasta llegar al punto que ese juego, se va transformando en lo que llamamos sexo, que es “hacer el amor” juntos, tan juntos que llega un momento en que ambos dejan de ser sí mismos para ser uno sólo en sentimiento, emoción, cuerpo y alma. Dejar de ser yo, para ser uno con el otro, es el acto mayor de desapego. Me olvido de mí y que hay otro, separado de mi, estoy en una entrega total y sagrada, en la que mi ser multidimensional, vibra en todos sus estadíos: concreto, emocional, mental y espiritual. Ahí se da un momento santo que une a la pareja entrañablemente, eternamente, más allá de lo cotidiano, de la mente concreta, del gusto o el disgusto. Que la eleva y la hace trascender absolutamente todo. Es el encuentro con la pureza. Con el orden divino, del que formamos parte. Penetramos en otros estados de conciencia. Somos la pareja sagrada. Ese estado es una conquista de dos que se eligieron desde el alma. No se puede dejar fácilmente, para pasar a otra cosa, pues es un estado iluminado, puro, eterno, donde nos sentimos unidos al Todo a través de ese momento que generamos, donde nos conectamos a Dios en ese ser completo que fuimos, vibrando en una misma onda y energía sublime, penetrando en otras esferas de la Conciencia Universal, como antes dije.

Toda esta maravilla es el resultado y nunca, el comienzo de una relación.

Por eso, la idea de pareja está cambiando. Por eso, con nuestro crecimiento, que va de la mano del crecimiento de la humanidad y de todo el sistema solar, “esa antigua pareja”, como todos dicen, ya no va.

Entonces me encuentro con mujeres y hombres enojados, descontentos, vacíos, con grandes sentimientos de tristeza, amargura y soledad. De todas las edades.

Nos falta aceptar que con toda la metamorfosis que se está dando, esto también está cambiando, y como siempre digo, lo nuevo, ¡debemos crearlo!
¿Porqué la pareja va a quedar afuera? Seguimos con el pensamiento de manada. TODO deberá cambiar y la pareja, es una de las columnas donde se asienta la vida en este, nuestro planeta azul.

Me parece un desafío maravilloso pensar, reflexionar y tomarlo como una nueva conquista que debemos lograr. Porque ¿qué hacemos creciendo en cursos, cartas natales, terapias, masaje, seminarios, etc. etc. si no lo trasladamos a la pareja?

Octubre con sus tránsitos en Libra y con los otros planetas transitando por otros lugares de la esfera celeste, es el mes para replantearnos esta nueva conquista, primer desafío de los seres humanos desde los albores de la vida en la Tierra.

Hasta el próximo encuentro, Almas…

 

Ser Mamá
En Argentina, mi país, el 3er. Domingo de Octubre, se festeja el
Día de la Madre


¿Habrá algo más deseado por las niñas, desde niñas, que sentirse llamar Mamá? ¿Habrá una responsabilidad mayor para nosotras las mujeres, que tener un hijo? ¿Habrá un dolor más grande que querer tenerlo y no poder? ¿Habrá algo más difícil para sobrellevar que la muerte de un hijo? ¿Habrá algo más doloroso que tener un hijo enfermo? ¿Habrá algo más traumático que no comprender a un hijo y por lo tanto no acceder a “una buena relación” según lo socialmente aprendido? ¿Habrá algo más sublime que amarlo, a pesar que no responda a nuestros deseos del ego?

¿Qué es lo mejor y lo peor de estos cuestionamientos?

La ignorancia. El sueño. La ilusión. La amnesia.

La ignorancia de que no somos nosotros quienes elegimos ser madres, por más empeño que pongamos en ello. El sueño de que debemos tener un hijo o varios. La ilusión de que deben ser perfectos, hermosos, sanos. La amnesia de que no son nuestros, como nosotros no fuimos de nuestros padres.

Fuimos elegidos por esas almas, pues en este planeta de tercera dimensión, necesitamos un cuerpo para hacer nuestra vida, y en la espiral de las encarnaciones, pagar lo que debemos y recibir los beneficios de lo que hicimos en positivo, y por supuesto cumplir nuestra misión. Por lo tanto desde nuestro estado purísimo en la eternidad, elegimos a qué venimos, dónde vamos a nacer y la “pareja de nuestros padres” para que en su amor se abra un espacio como copa, para que nuestra alma baje. Momento sagrado.

Cuando accedemos a este conocimiento de esos seres, que tal vez sean almas muy antiguas, que nos eligen, dejamos de lado el sufrimiento y la vanidad, para dedicarnos a observarlos y acercarles lo que necesitan para desarrollar lo mejor posible su paso por esta vida. Cuando podemos dejar de lado de nuestro ego, nos dedicamos a mirarlos y comprender que nos necesitan para aprender las cosas elementales para poder hacerse cargo de sí mismos. A los 18 años. Y ¡cuánto podemos aprender de ellos! Porque además, pueden ser más evolucionados que nosotros, como almas.

Las mujeres tenemos un órgano sagrado, el útero. Como toda la maravilla de nuestro cuerpo físico, cumple su función a la perfección. Sin nuestra participación. Sólo con nuestra paciente espera. Y cuando ese órgano no es usado para parir a la vida, debería serlo para parir a la luz…

Se me hace difícil hacer comprender a muchas mujeres, que tal vez en esta vida, no vinieron a ser madres biológicas, sino que vinieron a parir a la luz.

Hay tantos métodos ahora, para tener hijos… Y estamos tan obsecados los seres humanos, que no nos detenemos a pensar que si no vienen naturalmente, por algo será… Cuando un alma no nos elige, ¿quién en-carnará (tomará carne) en ese cuerpo formado en el laboratorio?

Al no estar escrito el “Libro del Buen Padre”, por suerte, debemos manejarnos con algo que nos sobra: la intuición. Maravillosa herramienta que la humanidad durante siglos se encargó de adormecer. Que viene de la estricta observación de lo que el niño requiere.

El desafío más grande de una madre, es dejarlo Ser. Respetar sus ritmos, gustos, tendencias y decisiones.

Enfrentarnos a esto, no siempre es felíz. Es aceptar. Aceptar que no sea como nosotras queremos. Cuando aceptamos esta verdad universal, no sentimos que fallamos. También comprendemos a nuestros padres. Aceptamos. Los aceptamos. Nos aceptamos.

Cuando accedemos a lograr que el niño sea “exitoso”, de acuerdo a lo requerido por la sociedad, es muy posible que antes de esto, hayamos desoído sus necesidades y manejando el miedo, la culpa y lo que se espera de ellos, hayamos logrado que entre en la famosa manada. Este trabajo generalmente lo realizamos hasta los 7 ó 10 años… Luego ya siguen solos. Alrededor de los 14 tienen otra oportunidad de emancipación y de escucharse. Dependiendo de lo fuerte que sea la madre, allí el niño o niña puede Ser, o seguir en la manada.

Quiero hacer un espacio especial, para aquellas mamás que tienen chicos desde nuestra ignorancia llamados “anormales” o “deficientes”. Esos niños, cuyas almas eligieron esa condición, no eligen a cualquier mamá. No cualquier mujer está capacitada para esta tarea. Son almas que se ofrecen por motivos que ignoramos, y con sus “deficiencias”, de la mano de esos padres (y aquí incluyo al papá) también especiales, han llegado a cambiar hasta la ciencia. Valga esto para reverenciar a esas familias, cuya lucha es cotidiana, incomprendida, desde la sociedad y desde la ciencia, ni que hablar de la educación.

Todas podríamos tener “el mejor hijo” si lo ayudáramos a Ser. Pero claro, muchos de ellos, no encajarían con la ilusión del mejor hijo de aquí abajo. Un hijo sólo necesita límites puestos con amor.

En realidad ser madre, es un peregrinar por sendas ignoradas, a veces llenas de rosas y a veces desbordantes de espinas. Es sentir y apostar por lo que sentimos. Es saber esperar, pues el resultado se verá luego de muchos años, cuando ese hijo sea hombre o mujer… y tal vez no lo veamos. Es amar profundamente. Con un amor, que no sé si conocemos. Es dar, y dar, y dar. Es aceptar la reverencia del Universo. La responsabilidad y la importancia de haber sido elegidas, o no. No importando cuáles serán los fines. Es pensar que si en esta vida no fuimos elegidas será porque en otras pasamos y aprobamos y tal vez, en esta, tengamos que ”recordar” para ayudar”. Es entregar. Es hacer lo mejor y desear que se haga la voluntad del Todo. Es acompañar silenciosamente. Es vivir nuestra propia vida, porque en todo momento, estamos enseñando. Y no se enseña con la palabra, sino con lo que hacemos, con aquello que emanamos.

Es reverenciar a la pareja, a nuestros padres, a la familia y al Universo. Es fluir y danzar con la vida. Es reír y llorar y no tapar ni disimular. Es mostrar nuestra realidad, limitaciones y dones. Es hacer magia día a día. Es tener coraje de ser y de vivir.

Ser Mamá… ¡es una conquista…!

 

 

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María Ester Abal Vella - Astróloga y Terapeuta Floral
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